El desafío
El principal reto de Blue Paper era la enorme escala y complejidad de la supervisión de su principal máquina de papel. La ingente cantidad de datos generados hacía casi imposible que sus expertos humanos pudieran analizarlos con eficacia y eficiencia.
El enorme volumen de datos procedentes de 477 canales de medición (incluidos 454 acelerómetros y 36 sensores de sincronización) creaba un riesgo de parálisis en el análisis. Los fallos críticos en desarrollo podían pasar desapercibidos entre el ruido, mientras que los expertos podían perder mucho tiempo analizando máquinas en buen estado, lo que provocaba una asignación de recursos ineficaz y la posibilidad de que se produjeran tiempos de inactividad inesperados.
Sin una forma automatizada de filtrar y diagnosticar, el equipo de mantenimiento tenía que revisar manualmente los datos de cada punto, una tarea que consumía mucho tiempo y era insostenible. Este proceso reactivo limitaba su capacidad para supervisar más máquinas con los mismos recursos y obtener una visión general realista y en tiempo real del estado de toda la línea de producción.