Ahora que se han desarrollado soluciones de supervisión inalámbrica a distancia, podríamos pensar que ya es posible evitar el uso de cables y, por tanto, supervisar los equipos a un coste menor. Esto es cierto sólo en parte..
Por razones técnicas que hemos desarrollado en nuestro libro blanco «Mantenimiento predictivo: ¿hacia un cambio de paradigma?», estas soluciones inalámbricas no ofrecen las mismas prestaciones que las soluciones basadas en cables: Level. En concreto, no pueden supervisar en tiempo real, actualizar el valor de los indicadores supervisados varias veces por minuto ni almacenar datos libremente. Por lo tanto, para máquinas críticas que pueden deteriorarse rápidamente, es preferible seguir con una solución basada en cables siempre que sea posible. Por otro lado, se puede considerar la posibilidad de una supervisión inalámbrica a distancia, pero teniendo en cuenta que la supervisión será periódica (varias horas entre cada medición).
Entonces, ¿para qué aplicaciones es especialmente interesante la tecnología inalámbrica? En nuestra opinión, se dividen en dos grandes grupos:
- aplicaciones con cables de gran longitud (en cementeras o minas, por ejemplo), entornos peligrosos (ATEX) y equipos de difícil acceso, como torres de refrigeración,
- aplicaciones de control de vibraciones de máquinas menos críticas y equipos auxiliares (bombas, ventiladores).
De hecho, en la mayoría de estos casos, el coste de instalación y mantenimiento de un sistema basado en cables es prohibitivo o superior a los beneficios que pueden obtenerse mediante el mantenimiento predictivo.
Las soluciones inalámbricas tienen todo su sentido cuando las mediciones realizadas con pocas horas de diferencia permiten identificar una desviación e intervenir antes de que se produzca un fallo, y es en este sentido en el que deben integrarse en la estrategia de mantenimiento predictivo.
Son una solución complementaria a los sistemas basados en cables y permiten vigilar más equipos para mejorar los resultados del mantenimiento. Son menos costosos y resultan rentables con respecto al valor de los equipos, el coste de las piezas de recambio o la reducción de los tiempos de inactividad.
Sin embargo, hay tres factores importantes para lograr la rentabilidad:
- el coste de mantener el sistema inalámbrico en condiciones operativas (autonomía y coste de las baterías, coste de la mano de obra para sustituirlas)
- el SLA (robustez frente a microcortes de la red inalámbrica, asignación de ancho de banda, recuperación de datos, etc.),
- la calidad de la información proporcionada por el sistema (falsas alarmas, datos de diagnóstico), que influye en el número y la pertinencia de las intervenciones.
Por tanto, hay que prestar especial atención a estos tres factores a la hora de elegir una solución inalámbrica.