La fricción es la fuerza que impide el movimiento de los cuerpos.
La fuerza de fricción se hace evidente cuando las piezas en movimiento no se mueven con la libertad que deberían. Cuando intentamos aliviar la fricción, rápidamente reconocemos que no es una fuerza tan simple. La fricción es el adversario número uno de una máquina. En general, se acepta que un tercio de la producción mundial de energía se emplea en reducir la fricción.
La función fundamental de un lubricante es ayudar a superar esta fricción. La imagen muestra un primer plano de dos superficies metálicas. Observe los «picos» y los «valles». Los picos se denominan asperezas. Sin lubricación que las mantenga separadas, las superficies en movimiento comenzarán a calentarse rápidamente, lo que provocará la expansión del metal. La expansión permite que las asperezas opuestas (picos) entren en contacto.
Elimine estas fuerzas de fricción perjudiciales
Para eliminar estas fuerzas de fricción perjudiciales, las superficies metálicas deben tener suficiente separación para permitir que cada superficie se mueva sobre la otra sin contacto «pico a pico» de las asperezas.
Recuerde que la fricción produce calor y éste, a su vez, dilatación. Esta expansión hace que los puntos altos entren en contacto y se rompan causando desgaste. Las partículas de desgaste se convierten en pequeñas herramientas de corte que provocan vibraciones y más calor. Para combatir la fricción, debemos realizar prácticas de lubricación adecuadas.